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VIERNES SANTO.
2 de Abril 2010.
Crónica del Viernes Santo 2.010. Por Adolfo
J. Navarro Torres.
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| Foto
Antonio Nuevo. 2.010. |
Eran las 16,40 cuando
se iniciaba el desfile desde la Casa Hermandad con dirección al
Paseo de la Victoria. La calle Carrera se teñía de Rojo,
y los sonidos de retreta ejecutados por la Banda de Guardias Jóvenes
de Valdemoro hacían que la expectación con la que naciera
por la mañana este luminoso día, concentraran su atención
a lo largo de la calle hacia nuestra Cofradía, que pronto realizaría
su puesta en escena. Al girar hacia calle Nueva, los colores verde caquis
y verde botella de las bandas de Legión y Valdemoro se entremezclaban
con pinceladas de morado y el manto rojo de la Cofradía entrante
que copaba las próximas horas del Viernes Sagrado. Tomamos calle
Empedrada y Don Carlos con destino al Templo de la Parroquia, desapareciendo
sonidos de tambores y filas de bastoneros y horquilleros por la calleja
del Cañito. La expectación en la Plaza de la Iglesia era
máxima. Cuantos años sin una nubecita, sin una brizna de
aire… No cabía un alfiler. Dentro las distintas secciones se componían
para el encuentro de la Cofradía con el Pueblo de Archidona.
Suena el llamador del portón principal, y tras las palabras protocolarias
de la Hermana Mayor, Mª Gracia Nuevo Torres, se abren de par en par
las puertas de la Parroquia. El sonido se hace luz, y bajo la marcha de
Ntro. Padre Jesús de la Humildad irrumpe el primer gastador de
nuestra querida Banda de Guardias Jóvenes (Polillas) debidamente
engalanados y pertrechados, formando un reguero lineal que baja la escalinata
al unísono. Tras ellos el momento tan esperado durante 365 días
tiene lugar. La muestra plástica de fe cofrade (suntuosidad y silencio)
(espectáculo vivo y recogimiento cristiano) irrumpen por el cancel
del Templo con el Sol de la Humildad, más brillante que nunca.
Después inician el cortejo los pequeños cofrades, simiente
del futuro esperanzador, campanilleros bastoneros y El; en su Trono plateado
acallando gargantas y mojando los párpados de cuantos expectantes
esperaban su bajada; trémula, cadenciosa, con el silencio que impregna
la marcha que le acompaña (Cristo de la Agonía) y el paso
pesado de los hombres que lo portan. Jesús de la Humildad se dispone
un año más a realizar su Camino por las tortuosas calles
de nuestro pueblo, para encontrarse un rato más tarde con la muerte.
Tras El, su Madre, nuestra Madre, la Virgen de los Dolores, más
guapa, si entre el dolor y dulzura que lleva, cabe que nunca; delicadamente
ataviada, dulcemente ornamentada, y con el brillo de colores que le infunde
su cara y el nuevo techo de palio que estrenaba este año. Baja
cadenciosamente por la escalinata bajo el son de su marcha Madre de los
Dolores, magníficamente interpretada por la Asociación Musical
Herrereña.
Desde esta Plaza se incorporaron, formando una numerosísima presidencia
que antecedía al Trono de Ntro. Padre Jesús de la Humildad,
la representación de Instituto Armado de la Guardia Civil y del
Colegio de Valdemoro, encabezados por El Teniente Coronel, jefe de Estudios
del Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, Ilsmo.Sr. Don Jesús
Arrivas Revuelto.
Tras las secciones de apostolado, bastoneros y damas Servitas, cerrando
el cortejo acompañaron a Ntra. Sra. la Virgen de los Dolores, una
también nutrida representación de autoridades y organizaciones
vinculadas estrechamente con la Cofradía, entre las que cabe resaltar
la presencia del nuevo Presidente de la Federación Andaluza de
Caza, Don Jose María Mancheño nombrado recientemente tras
la fatídica pérdida de nuestro siempre querido y recordado
Carlos Astorga, Q.P.D.
Un tumulto de gente corre por calle Don Carlos para tomar posiciones a
lo largo del recorrido penitencial que la Cofradía llevará.
El silencio se hace máximo cuando el Señor de la Humildad
serenamente portado por sus hermanos horquilleros gira 180º, para
mirar a su Madre, delante de la puerta del Templo de la Victoria; allí
tiene lugar la puesta en escena que rememora la primera de las tres caídas
de Jesús en su camino al Calvario, el sonido hueco de la Zumba
acompañada por el toque a duelo de la campana portada por el Sanpedro
de campanilleros, hace que el apostolado primero, y todo el cortejo después
caigan arrodillados bajo la mirada atónita de quienes no conocían
esta ceremonia de nuestra Cofradía; acto que más tarde,
en el ocaso del día repetiríamos en calle Nueva y plaza
de la Iglesia. La Huída del Apostolado en Calle Nueva, que tras
rezar y meditar en el convento de las Monjas Mínimas vuelve a seguir
los pasos de Jesús. El bullicio de gente que se arremolina en los
Caños de las Monjas para ver el desfile marcial de la Guardia Civil.
Las luces de cera y rayos de sol que se acuesta por calle Empedrada, donde
el intimismo de la Cofradía con su Estación Penitencial
es máximo; paso ligero de tronos que portan al Señor y a
la Madre con sonidos de tambor sordo el uno y de dulces melodías
propiciada por la banda que acompaña a Ntra. Sra. La Virgen de
los Dolores, el otro, y por último, la tercera Caída, interpretada
en la Plaza de la Iglesia, bajo la atenta mirada de miles de espectadores,
acompañada del toque de silencio interpretado por la Banda de Guardias
Jóvenes, volvieron nuestros titulares sobre sus pasos a lo largo
de la escalera que lleva quizás al Gólgota, quizás
a la Gloria, todo se mezcla en nuestro sentimiento, dando por finalizado
un desfile procesional que tardaremos en olvidar.
Adolfo José Navarro Torres es Mayordomo de Procesión.
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