¿CUÁNDO NOS ENCONTRAREMOS DE NUEVO?

Por Sensi Nuevo Garcés

... y ahí estaba ÉL, cabizbajo, melancólico, pensativo, ajeno a todo un mundo de belleza, esperando quizás, una muerte tranquila. Amordazado, marchito, insensible como una roca, como el agua dentro de todas las aguas, lleno de dolor se encaminaba desnudo hacia la nada. Pero este pobre humilde no quería marcharse sin más, y en el silencio de sus pensamientos, sin esperanza ya de vida, hablaba a través del aire con ELLA:

- ¡MADRE! Se me cierran los ojos, no puedo más. A veces pienso en la locura, otras veces en mi muerte. En las orillas de mis recuerdos aún puedo ver la destrucción de mi triste vida. Todo ha sido olvidado. Y ahora, con mis manos llenas de sangre y la tortura de la luz del día, que ya se marcha, voy cayendo hacia ti, cautivo por ese amor de madre que desprenden esos bellos ojos llenos de desesperación. Me voy, pero me llevo el aroma de tus cabellos y esas lágrimas, derramadas por una bella mujer que llora en la sombra. Mientras tanto, abrazado a mí mismo, espero lo que nunca llega... con mucha pena y en la negrura de la oscuridad de la noche que ya se acerca, me voy durmiendo poco a poco.

Un espacio entre brumas, gente que lo mira agitando la cabeza, una brisa serena, un rumor presentido y el silencio hueco de la noche, colman de incertidumbre este día Santo.

Mientras, el aire comunica sin descanso la pena y la agonía de un HIJO que sufre los últimos momentos de su vida. ¡Pobre Madre! Son dos almas perdidas en un atardecer primaveral de un Viernes Santo triste. Las capas de color rojo lo demuestran, su hijo está muriendo, su sangre cubre las calles de la ciudad por donde pasa.

Su Madre, entre sollozos y desolación, añora la vida de su hijo e implora su perdón:

- ¡BASTA YA DE TORMENTOS! HIJO... HIJO mío, LA HUMILDAD existe. ¡Ten paciencia!

Esta Madre dolorosa no abandonará jamás a su Hijo y sin el consuelo de la luz, se pregunta:

- ¿CUÁNDO NOS ENCONTRAREMOS DE NUEVO?

Sensi Nuevo Garcés