EN LA ROCA DEL ESCARNIO

Extracto del Pregón del 2003. Autor D. Jacinto Muñoz Nuevo

Apenas ha sonado la última nota del himno, saludando la entrada de la Virgen y, sin solución de continuidad, ya viene por la calle, abriendo el desfile de la cofradía de la Humildad, la banda de cornetas y tambores del Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, los "Polillas". Esta formación es una institución ya en esta Semana Santa, presente en la tarde del Viernes Santo desde hace ya más de cincuenta años. Tan familiar se nos ha hecho su presencia, que esta cofradía está ya indisolublemente ligada al Cuerpo de la Benemérita, cuya banda volverá a desfilar con marcialidad por las calles de Archidona, cuando esté cayendo la tarde del Viernes Santo.

La devoción al Cristo de la Humildad es muy antigua en la localidad, alentada en sus orígenes por los frailes del convento de Santo Domingo, donde ya tenía erigido altar propio en las postrimerías del siglo XVI. Iconográficamente representa un Cristo de la Humildad y Paciencia, sentado sobre un risco y sometido al escarnio de sus guardianes.

Cuentan que, antiguamente, al Señor no se le veía la mejilla izquierda, oculta por la palma de la mano en la que descansaba. Y cuentan que el prodigio se obró en una de tantas visitas que el Cristo hizo al convento de las Monjas Mínimas, con quienes la cofradía siempre ha mantenido estrechos vínculos. Estaban acostumbrados sus hermanos a llevarlo a la iglesia de calle Nueva cada vez que se presentaba ocasión para ello. Así, hemos podido ver por testimonios fotográficos conservados, a los tronos de la cofradía expuestos en esta iglesia durante los agitados años de la república y la guerra civil, en que la conflictividad imperante en la calle aconsejaba la no celebración de las procesiones de Semana Santa.

En otra ocasión anterior en que el Cristo visitó el convento, con motivo de unas obras en su iglesia de Santo Domingo, ocurrió el insólito suceso. Y ocurrió que, expuesto en la penumbra del sotocoro, todos los días recibía la visita de una monjita en la que despertó un profundo fervor. Y sus súplicas eran siempre las mismas: que retirase la mano de su mejilla para poder ver íntegro el rostro del Señor melancólico y ultrajado. Y tanto le rezó que al fin se pudo materializar el milagro y desde entonces el Señor muestra la mano levemente separada de su cara, que ahora sí puede contemplarse en toda su plenitud.

Y dicen que la monja soñadora sueña
con poder verle a su Cristo la cara,
y curarle las llagas
y secarle las lágrimas , una a una,
de su llanto más amargo.
Dicen que la monja samaritana quiere
hacerle una túnica grana,
para abrigarle en las frías mañanas del invierno.
Dicen que la monja enfermera
ya no se va a separar de su lecho
hasta que, restablecido de sus heridas,
pueda volver a la roca de sus escarnios.
Dicen que la monja embelesada suspira
en la penumbra de la clausura.
Y dicen que para que se pueda obrar el milagro,
ella siempre estará a su lado,
cuidándole con mimos de madre.
¡Y no me dejes ya nunca, mi niño, mi niño,
mi Jesús de la Humildad!

La tarde languidece y las trémulas horas del Viernes van cayendo lentamente. La cofradía se hace ritmo elegante en su ordenado transitar urbano. La zumba nos traerá ecos lejanos de tiempos más antiguos. Perfiles neogóticos y neorrenacentistas tomarán cartas de naturaleza en la espléndida factura de los tronos donde vienen las imágenes. Y al final del río púrpura de penitentes y enlutadas mantillas, transita la Virgen más hermosa que para esta Semana Santa hayan gubiado las manos anónimas del genial imaginero....La dueña de los corazones viene convocando emociones, la Virgen de los Dolores.

Se te ha rendido Archidona
desde el valle a la montaña,
por dondequiera que Tú pasas
está la ciudad entregada.
Y esperando el Viernes Santo,
entre el deseo y la añoranza,
que Tú ya tienes, Dolores
toda Archidona ganada.
Para Ti será la noche
vergel cuajado de plantas
que mitigue tu aflicción
en la hora más amarga.
Tuya es la esencia Señora,
tuyo el corazón y el alma
de todo este pueblo que añora
verte de cerca la cara..
Que a tu encuentro ya sale
con la secreta esperanza
de poderte arrancar la daga
que traspasa tus entrañas.
Y por si de algo te sirve
Reina, mi humilde compaña,
cuenta conmigo esta noche
... para lo que te haga falta.