Pregón
Poético 75º aniversario del nombramiento de cotitular de María
Stma. de los Dolores. 21 de Mayo de 2005. Autora Dª. Julia Garcés
Pereda
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Bendecid
a esta gran familia de la Humildad. Haced que seamos conscientes del compromiso
que hemos contraído al ser cofrades. Que sepamos comprendernos
unos a otros y ayudarnos con todo el cariño de hermanos que somos.
Y que prestemos nuestro socorro a cuantos lo necesiten.
Rogad por nosotros
Jesús de la Humildad y Mª Stma. de los Dolores para que podamos
gozar siempre de vuestra protección en esta vida y en la eterna.
Amén.
Señor
cura párroco, Hermano Mayor de la Cofradía de la Humildad,
Ilustrísimo Señor Alcalde del Ayuntamiento de Archidona,
Señor Presidente de la Agrupación de Cofradías, Hermanos
Mayores de las distintas Cofradías de nuestro pueblo, cofrades
y amigos todos, buenas tardes.
Hace unos días,
mirando hacia atrás en el tiempo recordaba, cuando siendo niña
viví aquí mi primer Viernes Santo por la tarde, cuando por
primera vez vi las calles de Archidona vestirse de rojo y blanco y sentí
el calor de aquel sol tan particular. También recordé el
sonido triste de la zumba y el de los campanilleros que regalaron mis
oídos con su bien tocar.
¡Quién
me iba a decir que aquella cofradía llegaría a ser la mía,
a la que iba a querer, respetar y llevar en mi corazón siempre!
Han pasado muchos años desde que presencié aquel desfile
procesional que tan profundamente me impresionó por su religiosa
seriedad, unido a la belleza de sus Sagrados Titulares. Pero, os puedo
asegurar que siempre que mi persona se refugia bajo la roja capa y el
blanco capirote me presta su incógnito, vuelvo a ser la niña
que un día viniera a este pueblo y quedara enamorada de aquella
tarde de Viernes Santo.
Al contemplar
a nuestros Sagrados Titulares, pienso que no hay que ser un gran poeta
para expresar toda la maravilla que encierran ese rostro perfecto de la
Virgen y esa pasión reflejada en la figura de su Hijo.
Una mirada
sin mirar, tanto abandono a su suerte, dando la sensación que de
un momento a otro va a dejar caer la caña al suelo, pero no, ahí
está Él, fuerte como la piedra en la que va sentado, hasta
esas extrañas lágrimas le dan seguridad, porque llegará
hasta el final, con esa fortaleza que a veces tanto nos falta. De verdad,
que es muy gratificante perderse en la contemplación de Nuestros
Sagrados Titulares.
Para una madre,
el sufrimiento de un hijo es algo terrible, más aún si no
se puede remediar. La Virgen vio a Jesús padecer mucho, vivió
su pasión con una resignación increíble, ambos compartieron
muchos dolores. Hubiera dado su vida por Él.
"La
Virgen y su Hijo se encuentran frente a frente"
Madre
e Hijo
La Madre le dice al Hijo:
yo quiero ver tu mirada,
alza ese rostro y contempla
como sufro por tu causa.
No
puedo madre, no puedo,
no puedo alzar la mirada.
Hijo,
yo ahora quisiera
acariciarte la cara,
y secar con mi pañuelo
la sangre que a ella la baña
por la corona de espinas
que tanto te duele y daña;
y curar esas heridas
que te señalan la espalda,
y estrecharte entre mis brazos
con este amor que me embarga.
No
puedes, madre, no puedes,
porque la suerte está echada;
y esa cruz que va detrás,
la que del Yermo le llaman,
pues en ella y con tres clavos
mi vida será acabada.
La
madre marcha en pos
de su Hijo, destrozada
por puñal que allá en su pecho
con fino dolor le abrasa.
Dolores y Humildad juntos.
¡Ay! Qué bella mezcolanza.
Me vuelve
a asaltar el pasado y recuerdo la "Huida" de aquel primer año
cuando vi cómo aquellos portadores de cruces abandonaban la procesión
y emprendían veloz marcha hacia Las Mínimas. Cuando me enteré
de por qué lo hacían, sentí una gran repulsión
por su comportamiento, pero después, y analizando su miedo tan
humano y comprensible a la vez, los admiré, sobre todo por reconocer
su cobardía y seguir hasta el final con Jesús aún
pudiendo poner en peligro sus vidas. Es una sección muy querida
para mí.
"Los
Apóstoles abandonan a Jesús por miedo a la muerte"
La
Huida
Paseo de la Victoria:
en carrera ordenada,
cruces, túnicas, coronas
hacia las Mínimas marchan.
"Apostolao"
que abandona
a Jesús en su desgracia.
La
"Huida" se ha realizado
como todos esperaban,
y Él sigue allí sentado
con expresión resignada.
Ya
están llegando a la iglesia
y en ella esconden sus faltas.
Pero al ver al hombre humilde
que por calle Nueva avanza
rezando y arrepentido,
sin miedo a morir, lo aclaman.
El
"Citote" va llamando
a sus hombres, con confianza:
Pedro, Andrés, Los Santiago,
Juan, Tomás, Bartolomé,
Felipe, Simón, Mateo,
¡faltan dos!
Matías y Judas Tadeo,
a la fila y con su orden;
las sandalias ajustadas,
los guantes negros ya puestos,
las coronas muy caladas,
las cruces sobre los hombros
y las caras bien tapadas.
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| La
pregonera junto al Jefe de Protocolo y relaciones institucionales,
D. Antonio M. Navarro y la Presidenta de la Sección de Hermanas
Servitas, Dª. María Victoria Medina Texeira.. |
Busco
en mi pensamiento y recuerdo mi primer encuentro con María Santísima
de los Dolores. Fue en la Parroquia de Santa Ana, aún no estaba
subida en el trono, me acerqué y al fijarme en su faz perfecta
quedé gratamente sorprendida. Su expresión de moderado dolor
me inundó y me sentí embriagada por la esencia que de ella
se desprendía.
Cuando beso
a la Virgen de los Dolores, le rezo, le cuento mis problemas, la llamo
¡Madre! o simplemente me embeleso contemplando su rostro, la poesía
acude a mí y es entonces cuando la plasmo en mis papeles.
"Y el dolor
le hirió como puñal"
Oración
Mi Reina del Universo
manantial de perfección,
yo te rezo con mis versos,
en tus manos dejo besos
y te pido bendición.
Puñal hundido en tu pecho,
aumento de sinsabores
viéndote sufrir por eso,
con mis versos y mis besos
calmar quiero tus dolores.
¿Qué
pensarán los angelitos que se sientan a los pies del Cristo de
la Humildad? Seguramente en secarle las lágrimas, en sostenerle
la caña o en consolarlo y decirle que no está solo, que
ellos lo ampararán con su cariño, con su dedicación,
con su ternura rosada y con su toque de inocencia. Singular collar de
plata con el águila bicéfala el que lleva nuestro Cristo
en el cuello, da la sensación que lo inclina aún más
hacia delante.
"El sufrimiento
de un hombre por salvar al mundo"
Sufrimiento
Lágrimas en el rostro,
postura extraña.
Sentimientos humildes
hay en su alma.
En
el cuerpo, heridas
en la mano una caña,
sangre de la corona.
Al
paso y en silencio,
horquilleros lo llevan
por Archidona.
Cada
Jueves Santo, cuando desde muy temprano voy con casi toda mi familia a
ayudar al adorno floral del Trono de la Virgen, me siento tan afortunada
que el trabajo no me pesa, y junto a Pili y Juan, nuestros queridos floristas,
se me pasa el tiempo en un segundo. Mis manos quitan espinas de las rosas
o ayudan a confeccionar las canastillas de cola o el frontal del Trono,
así como a cuantos detallitos pueda prestar mi colaboración.
Mi premio lo
recibo cuando oigo, al ir en la procesión, los piropos que le dedican
a la Virgen y al Trono a su paso por las distintas calles del pueblo.
"Una Madre
llena de humildad acompaña a su Hijo en el sufrimiento"
Pasa
la Virgen
Rosas llevas en el rostro
¡Oh, belleza soberana!
Humildad en el corazón
y Dolores en el alma.
Viernes
Santo por la tarde
Archidona se desgrana
en emociones ocultas
y en oraciones calladas.
Y
hasta la graja en el aire
ese negro vuelo espanta
al oír sonar la "zumba"
que lúgubre se derrama.
Pero
Tú, ¡Reina del Cielo!
con serenidad avanzas,
Humildad en el corazón
y Dolores en el alma.
Son
ya 75 años los que llevamos procesionando a Mª Stma. de los
Dolores. 75 años que está en el seno de nuestra Hermandad.
75 años que los archidoneses reciben su amparo cuando la contemplan
en su desfile penitencial. 75 años que nos viene protegiendo día
a día con su amor maternal. Y 75 años los que le rezamos
con toda devoción y confiamos nuestros secretos.
¡Sigue
con nosotros, Puerta del Cielo, estrella de nuestras mañanas, salud
de nuestros enfermos, consoladora de nuestras penas, Reina de los Ángeles!
¡Sigue con nosotros, te necesitamos!
"Y
la belleza de la Dolorosa inundó la tarde del Viernes Santo"
Dolor
en el semblante
¡Qué cara de seda y nácar!
¡Qué labios de suave rosa!
¡Qué ojos de pena lleva
esa Madre Dolorosa!
Viernes
Santo por la tarde
hasta el aire huele a flores
¡mecédmela, horquilleros
pero con los corazones!
Si digo
hombro y compás y color blanco; paso y compás y color rojo,
¡qué ritmo! ¡qué mecidas! Lo alzan y los salpicones
de las bambalinas asoman por entre los varales. Sí, hablo de los
horquilleros de María Santísima de los Dolores. Pero mi
admiración y cariño es para todos los horquilleros, para
los que portan el Trono del Cristo de la Humildad y el Trono de la Virgen
de los Dolores. Porque su trabajo es digno de alabanza y sé que
no lo podrían realizar si no lo desearan con todo el entusiasmo
y entrega que sienten por nuestros amados Titulares.
"Horquillero
marca el paso y lleva siempre el compás..."
Horquilleros
marianos
Escalones de Santa Ana,
calleja de la Estación,
los horquilleros avanzan,
van al paso y en unión.
¿Dime qué sientes horquillero
al cumplir esa misión?
seguro que sensaciones
de inevitable fervor.
Y
la miras con el alma,
la besas de corazón,
la envuelves en oraciones
y la arrullas con tu amor;
y con los ojos le hablas
lo que no dice tu voz.
Escalones de Santa Ana,
calleja de la Estación
siempre al compás de la marcha
y del Sanpedro a su son.
Que
la Virgen en sus Dolores
por Archidona ya va
sobre tu hombro y el ambiente
se ha llenado de humildad,
sigue adelante, ¡valiente!
con tu carga celestial.
Y
ahora te voy a decir,
con estas mis torpes palabras
y sentimientos ocultos
de poetisa novata,
con toda sinceridad
y con un poco de rabia
¡Quiero ser tú, horquillero
para así poder llevarla!
Dicen
que Jesús de la Humildad está sentado en la roca descansando
antes de ser crucificado, que ya había llegado al Gólgota.
También puede ser Cristo de azotes, columna y coronación
de espinas, que está siendo objeto de burla y escarnio.
No sé
qué momento de la pasión representará en realidad,
pero lo que sí sé con certeza, es que ante su contemplación
una queda subyugada.
"Y
arrancándole la túnica, le dan por cetro una caña"
Humildad
y paciencia
Con el semblante cansado
y de tanta humildad lleno,
vas con el cuerpo encorvado,
igual que un lirio moreno.
Te
quitan las vestiduras
y te sientan en la piedra.
Mano izquierda en la mejilla
y una caña en la derecha.
De
ti se ríen y burlan
unos hombres sin conciencia,
y Tú sigues meditando
con Humildad y paciencia.
 |
| El
Hermano Mayor haciendo entrega del reconociemiento de la Cofradía
a Julia Garcés. Foto Sensi Nuevo. |
Llegado
a este momento de mi sencillo pregón, me vais a permitir que os
narre una historia, historia ésta que, con algunos cambios se repite
cada Viernes Santo cuando las cinco de la tarde han pasado. Sucede en
un lugar rodeado de "nubecillas" blancas y resplandor rojizo.
Hay muchos
seres que son muy felices, todos tienen una afinidad común, que
son de la Cofradía de la Humildad. Hay Sampedros, Horquilleros,
Camareras, Apóstoles, Penitentes..., algunos llevan túnicas
rojas y cíngulos blancos y con ellos están Mª Stma.
de los Dolores y su Hijo, pero sin espinas, sin heridas, sin sufrimiento,
vestidos de luz. Miran hacia abajo, a su pueblo, a Archidona.
Un hombre anciano
de cabello cano sonríe satisfecho; una abuela exclama: -¡El
primero del segundo palo del Trono del Cristo es mi nieto!; una Camarera
mira con amor lo bonita que va la Virgen; dos Sampedros hablan entre sí,
admirados del compás que llevan los horquilleros. De pronto una
voz comenta dirigiéndose a Jesús y a su Madre:
- ¡Cómo os quieren y os consuelan cuando cada año
os recuerdan en vuestra estación de dolor! ¡Rezan y lloran
al miraros! ¡Qué recogimiento llevan en la procesión!
Y María Santísima, con un guiño pícaro, dice:
- ¡Son buena gente!
La noche ha
invadido todo, la sombra del último penitente ha abandonado las
escalinatas de la Parroquia de Santa Ana y los redobles de tambores de
los Guardias Jóvenes de Valdemoro se han desvanecido en el aire.
No hay vestigios de nubes blancas ni de resplandor rojizo. ¡Hasta
otro año!
Para terminar
esta historia no voy a utilizar un fin, sino un cariñoso y emocionado
beso.
En estos 75 años
que llevamos procesionando a nuestra Virgen, han sido muchos los cofrades
que nos han dejado, pero también son muchos los recuerdos que conservamos
de ellos, y de su buena labor para con esta cofradía. ¡Cuántas
cosas nos han enseñado!
Han sido maestros
en el amor y la devoción a nuestros Sagrados Titulares. Han dado
ejemplo de solidaridad con el prójimo. Seguro que están
disfrutando de la felicidad eterna. A todos estos hermanos y hermanas
les dedico con todo mi cariño la siguiente poesía:
Lo
vi pasar
Y yo lo vi pasar
por esa calle Carrera,
iba despacio y descalzo
y no lo pude calzar.
Y
yo lo vi pasar
por la calle Nueva abajo,
dolido y ensangrentado
y no lo pude curar.
Y
yo lo vi pasar
por esa calle Empedrada,
desnudo y tiritaba
y no lo pude abrigar.
Y yo lo vi pasar
por esa calle Don Carlos,
con la corona de espinas
y no se la pude quitar.
Y
yo lo vi pasar,
pero al contemplar su rostro
yo sí le pude rezar.
Porque
yo creí en Él,
en Jesús de la Humildad
y en su Madre,
y en que nació de su vientre virginal,
y en que después de su muerte
Él iba a resucitar,
y en que estaríamos en su Reino
por toda la eternidad.
Y
yo lo vi pasar
por las calles de Archidona,
y no lo pude calzar,
ni curarle las heridas
ni ese su cuerpo abrigar,
ni quitarle las espinas,
pero me quedó el consuelo
que sí le pude rezar.
La palabra
cofradía para nosotros tiene muchos significados, es amor, devoción,
amistad, hermandad, trabajo, superación, orden, perfección...
Y si todo esto lo fundimos en un crisol, resulta nuestro desfile procesional
del Viernes Santo por la tarde.
"Un
amor hecho Cofradía"
Mi
Cofradía
Yo te quiero, Cofradía,
porque por mis venas vas
con sones de campanillas
en las manos al vibrar.
Yo
te quiero, Cofradía,
porque por mis ojos vas
con miradas de cariño
al dos rostros contemplar.
Yo
te quiero, Cofradía,
porque por mi piel tú vas
con suave terciopelo
de cálido acariciar.
Yo
te quiero, Cofradía,
porque por mi vida vas
con creencia en oraciones
de espíritu en libertad.
Yo
te quiero, Cofradía,
porque por mi aliento vas
con suspiros de alegría
y vuelos de inmensidad.
Yo te quiero, Cofradía,
porque por mi alma vas
y al sentirte tan completa
se me colma de humildad.
¡Qué
hermoso sentimiento el de cofrade! ¡Qué dentro se lleva!
Se transmite de padres a hijos, de abuelos a nietos, de generación
en generación. Es algo que nos acompañará a través
de los tiempos, más allá de la existencia.
"El
sentimiento cofrade es para toda la vida"
Decálogo
de cofrade
Contra el pensamiento frío
un sol que caliente el alma.
En las caídas, la zumba
que ayude a superarlas.
Abrazo a la Cruz del Yermo
con devoción incontrolada.
Sones de campana negra,
sonata muy bien tocada.
El cetro que allá en la mano
da seguridad y confianza.
Farol de Trono del Cristo,
una luz en la mirada.
Ese manto de la Virgen
que protege y que da calma.
Para guía en la vida,
en el pecho la medalla.
El rosario de un apostol,
avemarías desgranadas.
Y
en esa última hora,
la túnica de mortaja.
Decálogo de cofrade,
con humildad roja y blanca.
Hace
muchos años vine a Archidona y el destino quiso que me quedara
y que echara raíces, que esta tierra fuera mi tierra, y que, como
dije al principio, la Cofradía de la Humildad fuera mi cofradía.
Así que espero poder seguir en ella por mucho tiempo, hasta que
Dios quiera.
Voy a terminar
este pequeño pregón poético, no sin antes dar las
gracias a todos vosotros por haberme permitido manifestar dos grandes
pasiones que envuelven mi vida: mi cofradía y la poesía.
Lo hago con una evocación a la Virgen en sus dolores.
"Dolor
hecho amor y un final inevitable "
Dolores
de una Madre
Los dolores de tu vida
como espinas se te clavan,
y esa cara como rosa dolorosa,
de lágrimas nacaradas va zurcada.
Dolores
por ese pie
que un vil grillete aprisiona,
y por esa espalda en sangre
que las heridas encorva.
Dolores
por esa caña
de burla, allá en su mano,
y esa mirada perdida
en pensamientos lejanos.
Dolores por ese fin
que tendrá tu Hijo amado.
Yo
te quiero consolar esos dolores,
aliviar esa pena que te lía,
y al rezar rosario y letanía
quedarme dormida en tu regazo
y entregarte mi vida en un abrazo,
¡Madre de la Humildad y Madre mía!
He dicho.
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