Por Juan Emilio Luque Nuevo

Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, el hombre ha observado el cielo, preocupándose por los distintos cambios meteorológicos que pudieran originarse, al ejercer éstos como condicionantes de muchos aspectos esenciales de la vida cotidiana: la cosecha, los pantanos, los viajes, etc. Desde que la persona se siente cofrade, a esta lista hay que añadir la Semana Santa, de ahí que adentrándose en los días cuaresmales el semanasantero acreciente sus miradas al cielo e incremente su preocupación por las posibles predicciones para esos esperados ocho días, afinando más su predicción hacia el día concreto que su cofradía realizará estación penitencial por la calles de su ciudad (si el tiempo lo permite).

De siempre, especialmente en las zonas rurales como la nuestra, para tales pronósticos nos hemos servido de la cultura popular y así acudimos a personas que por el hecho de ser agricultores o simplemente por su condición de observadores, estudiosos o curiosos se atreven a vaticinar lo que la naturaleza nos deparará. No obstante, avecinándose los días santos, todos nos convertimos en afinados observadores atmosféricos y en asiduos espectadores del final del telediario, anhelando poder ver en la calle una vez más el fruto del esfuerzo de todo un año.

El pueblo observa y Archidona sabe que "cuando la Peña tiene montera, llueve aunque Dios no quiera", es decir, si nuestra Peña de los Enamorados amanece con un original sombrero nuboso, en pocas horas el agua llegará; también predice que si una noche vemos que la luna aparece con cerco, hay lluvia segura al día siguiente, por el contrario "cuando tiene cerco el sol, tres días de calor". El refranero nos advierte: "saliendo el arco al levante, raso al instante" y "saliendo el arco al poniente, suelta la yunta y vente", que traducido al argot "pestiñero" es lo mismo que decir "si ves aparecer el arco iris por Antequera no saques los tronos afuera". Otras antiguas observaciones atmosféricas auguraban "cejo corrido al Guadalquivir y Málaga abierta, agua cierta", o sea, si se levanta una franja de niebla sobre el río dirección Sevilla y Málaga aparece raso, la lluvia no tardará en llegar; o este otro pronostico que advertía que en época de lluvia ésta aparecería si al ponerse el sol se interponía delante una nube formándosele una especie de cresta por el contraste de la luz. También los antiguos no perdían de vista la "nube de Alcalá" (de Henares), esa nube alta y negra que se forma al norte entre los dos picos, el Conjuro y la Sierra de Gracia., y que anuncia agua al instante.

En Archidona aun quedan muestras de estos antiguos observadores, como es el caso de Antonio Gallardo Cabello, que a ejemplo de su padre todavía analiza los cambios meteorológicos, cambios que contrastaba con el que fuera conocido "hombre del tiempo en Archidona" José Sevilla Astorga, el cual dedicaría parte de su vida a estos menesteres. Una de las observaciones preferidas de Antonio Gallardo son las cabañuelas, término que define el Espasa Calpe como "Cálculo o suposición puramente fantástica, por el que se pretende pronosticar el tiempo que hará en cada mes, rigiéndose por el que hace en lo doce primeros días del año o deduciéndolo de la observación de las variaciones atmosféricas acaecidas en los veinticuatro primeros días del mes de agosto del año anterior". Por tanto, las cabañuelas de agosto del año 2000 para el 2001 son las siguientes:

1 de agosto, no se vació (no llovió)>en enero llueve. 13 de agosto, no se vació>en diciembre llueve
2 de agosto, no se vació>en febrero llueve. 14 de agosto, no se vació>en noviembre llueve
3 de agosto, no se vació>en marzo llueve. 15 de agosto, no se vació>en octubre llueve
4 de agosto, sí se vació>en abril no llueve 16 de agosto, no se vació>en septiembre llueve
5 de agosto, sí se vació>en mayo no llueve 17 de agosto, no se vació>en agosto llueve
6 de agosto, no se vació>en junio llueve 18 de agosto, no se vació>en julio llueve
7 de agosto, no se vació>en julio llueve 19 de agosto, no se vació>en junio llueve
8 de agosto, no se vació>en agosto llueve 20 de agosto, no se vació>en mayo llueve
9 de agosto, no se vació>en septiembre llueve 21 de agosto, no se vació>en abril llueve
10 de agosto, no se vació>en octubre llueve 22 de agosto, no se vació>en marzo llueve
11 de agosto, no se vació>en noviembre llueve 23 de agosto, sí se vació (poco)>en febrero no llueve
12 de agosto, no se vació>en diciembre llueve 24 de agosto, sí se vació (poco)>en enero no llueve

Teniendo en cuenta, según la definición, que se trata de una supuesta hipótesis y que hay varias interpretaciones acerca del cálculo de las cabañuelas, basándose en las anteriormente dadas podemos presagiar que el mes de abril del dos mil uno habrá precipitaciones con intervalos ya que el 4 de agosto llovió y el 21 de agosto no llovió.

Continuando con los pronósticos el Calendario Zaragozano augura: con la entrada de la luna llena el 8 de abril (Domingo de Ramos), para esa semana se espera tiempo nublado y vario, con algún día tranquilo y de buen temple, pero con más frecuencia borrascosa, con vientos alborotados del O. y SO,; temporales propios del invierno; el temple será desagradable y se observará alguna helada. Cabe el consuelo de que esta predicción es para toda España.

Retornando al refranero popular de nuevo nos anuncia para esta Semana Santa: "Lloviendo en Pascua, Carnaval y Semana Santa" y que "Abril, para que sea abril, ha de tener aguas mil", lo cual no es un buen augurio.

Está comprobado, aunque nos parezca lo contrario, que lo más habitual es que llueva en Semana Santa ya que es el tiempo propio de los meses en que se celebra, marzo y abril; así lo demuestra la siguiente estadística:

Ver tabla de pluviometría

Observando los datos anteriores podemos hacer algunas anotaciones:

Al igual que estas últimas habrá infinidad de anécdotas que cada lector podría relatar y que valdrían junto a otras observaciones y estudios para un nuevo artículo, reemplazado para una ocasión venidera.

Los tiempos cambian y acercándose el ansiado día de la procesión acudimos cada vez menos a observaciones medioambientales o al consejo de los antiguos del lugar, ahora nos basta con una consulta telefónica al centro meteorológico, una rápida navegación por internet o llegado el día de la salida, en plena puerta del templo, dudosos por la inestabilidad atmosférica, servirnos del móvil y llamar al conocido de Sevilla o Antequera para saber si viene lloviendo por allí.

Los tiempos cambian, el tiempo no y en Semana Santa sigue lloviendo igual que hace sesenta y cinco años. ¿Continuará haciéndolo en el nuevo siglo? Ante la duda, como dicen los cofrades antiguos recordando el tiempo de los convites "llueva o no llueva, a casa del Mayordomo".

Juan Emilio Luque Nuevo

Agradecimiento por la colaboración en los datos facilitados a:Estación meteorológica "José Sevilla Astorga", Antonio Gallardo Cabello, Emilio Luque Sevilla.